Guestbook

visitantes

 

PROGRAMA DE USO SOSTENIBLE

El Proyecto Yacaré se inició en la provincia de Santa Fe en el año 1990 con el objetivo de recuperar la situación poblacional del yacaré overo, y garantizar la conservación de los ecosistemas que la especie comparte con una increíble variedad de aves, reptiles y mamíferos obligadamente asociadas a los humedales. Hacia principios de la década del 70, la irracional sobrecaptura de cocodrilos en la naturaleza a escala mundial, hizo temer por la extinción de la mayoría de las especies. Diferentes países comenzaron entonces a desarrollar programas de trabajo para garantizar su conservación. Muy pronto se hizo evidente que la protección de áreas de reserva o santuarios y las prohibiciones, resultaban insuficientes para conservar ecosistemas, cuando por otra parte, las demandas de la sociedad humana se incrementan de manera sostenida.

Países como Zimbabwe, Estados Unidos, Australia y Venezuela, comenzaron a trabajar entonces con un sistema que combina la utilización del recurso en la naturaleza y la crianza en cautiverio. La técnica se denomina Ranching, Rancheo, o "Cosecha de huevos silvestres para cría en granjas", y consiste en mantener los reproductores en la naturaleza, extrayendo solamente los huevos, y retornando al medio silvestre un año después, los que en condiciones naturales sobrevivirían.

El proyecto santafesino justamente se basa en esta técnica, por lo que fue denominado "Programa de Rancheo Experimental del Yacaré Overo". La iniciación de este programa se decide luego de una serie de estudios desarrollados durante la década del 80', que si bien demuestran que la caza ilegal de caimanes es un indiscutible factor de retroceso poblacional en las áreas de fácil acceso, siempre se mantienen núcleos "intangibles" para los cazadores, que se transforman en usinas de repoblamiento cuando los furtivos se retiran por la falta de animales. Estas verdaderas "reservas genéticas", son los esteros del centro y norte provincial, enormes humedales inmunes a la mayoría de las sequías e inundaciones, totalmente cubiertos por vegetación implantada y flotante sobre niveles de agua sumamente estables, y además, riquísimos en moluscos, peces y pequeños vertebrados. Estos ambientes, considerados "tierras improductivas", y sus habitantes, tienen un enemigo mortal. La canalización para "secado" del estero, en teoría le permite a los propietarios "recuperar" tierras para la producción, aunque la utilidad de las mismas resulta como mínimo dudosa, y el precio pagado por esta mejora es la desaparición de miles de yacarés, carpinchos, nutrias, aves acuáticas, pequeños peces y moluscos, con el agravante de que nadie percibe un solo centavo por estas toneladas de biomasa desperdiciada. Si bien "apelar" a la sensibilidad de los propietarios puede dar resultado en algunos casos, suele ser mucho mas efectivo el estímulo económico, y hoy en todo el mundo está comprobado que los ganaderos y agricultores que perciben algún ingreso por la venta de huevos de cocodrilos, son los primeros interesados en la conservación de estos humedales, invalorables reservorios para la supervivencia.

Es un hecho que la conservación in situ de los recursos naturales será imposible de mantener en el futuro, en la medida que los ecosistemas no aporten beneficios concretos ante las justificadas demandas de una sociedad que requiere mayores superficies productivas. El único mecanismo para disminuir o anular el ritmo de modificación ambiental con fines productivos, es justamente transformar en "productivos" los ambientes en riesgo de desaparecer. La valorización en términos económicos de la naturaleza, es hoy el fundamento del "Uso Sostenible" impulsado por la Unión Mundial para la Conservación, que didácticamente lo explica como: "Tomar el interés que produce un ecosistema, garantizando la subsistencia del capital para las generaciones por venir".

En la Convención de CITES de 1997 en Zimbabwe, se produjo el cambio en el status poblacional del yacaré overo en Santa Fe, permitiendo su explotación comercial por el sistema de rancheo, lo que implica que una fracción de los animales nacidos de los huevos cosechados, pueden ser derivados al engorde comercial, produciendo un retorno económico a quienes favorecen la conservación del humedal.